Lo cierto es que, al igual que la fruta que se queda al aire libre se oxida, nuestro organismo también se oxida. La oxidación es un proceso inherente a la vida.
Necesitamos oxígeno para vivir, pero ese oxígeno no es inocuo. Todos hemos notado su efecto en metales, madera y piedras que están expuestos al aire. Una simple observación nos permite constatar que la mantequilla, aunque esté en el frigorífico, va cambiando su capa externa con el paso del tiempo. Se hace más oscura, huele de forma distinta y sabe diferente. Simplemente se oxida de forma gradual por culpa del oxígeno. Pues esa alteración que se produce con el paso del tiempo es lo que se puede evitar con los productos llamados antioxidantes; porque esa degradación que vemos a diario con nuestros propios ojos en el exterior... se produce también en nuestro interior con el oxígeno que inhalamos.
El oxígeno representa, pues, la gran paradoja de la evolución, y es que gracias a él tienen lugar en el interior de las células complejos procesos conocidos como beta-oxidación, glicólisis, ciclo de Krebs y respiración celular, que permiten la liberación de la energía contenida en los alimentos que después se destina a la fabricación de nuevas moléculas indispensables para las funciones vitales.
Un delicado proceso en el que se produce un fenómeno bioquímico de intercambio de electrones que da lugar a la aparición de los "radicales libres".
El oxígeno es una espada de doble filo. Sin él no podemos vivir, pero un exceso puede ser mortal. Felizmente, el cuerpo tiene una forma de manejar estos productos secundarios derivados del oxígeno, conocidos como "radicales libres", que nos permite sacar el máximo provecho del oxígeno y seguir vivos.
La respuesta está en unos valiosos nutrientes conocidos como antioxidantes. Si nuestras células no contuvieran estas sustancias, moriríamos en cuestión de segundos.
Aun así, es importante que no permita que los efectos de estos derivados del oxígeno lo hagan perder de vista la importancia de un elemento tan esencial para la vida: el oxígeno, esencial para mantener los tejidos sanos, y una carencia de él es incompatible con la supervivencia.
El oxígeno es como la electricidad que corre por nuestros aparatos domésticos y los antioxidantes son como las capas protectoras que lo aíslan e impiden que queme nuestra casa. Usted necesita ambos.
Los resultados que obtenemos con una administración óptima de antioxidantes son impresionantes. Por eso es importante la batalla celular constante entre los radicales libres y los antioxidantes. Gané esa batalla. Si lo hace, disfrutará de una vida saludable, libre de enfermedades. En suma, el binomio "radicales libres-antioxidantes" como el sinónimo de "enfermedad-salud" se ha consolidado en la literatura científica.
En definitiva, al menos el 80% de todas las enfermedades degenerativas están relacionadas con los efectos de los radicales libres, pero ellos también cumplen importantes funciones fisiológicas en el organismo.
Sustancias absolutamente necesarias porque, por ejemplo, cuando el cuerpo se moviliza para eliminar agentes infecciosos, produce precisamente una gran cantidad de radicales libres para destruir los virus y bacterias invasoras.
El problema es que a veces se alteran y entonces dañan —o matan— algunas células (al oxidarlas), alterando el equilibrio de los ácidos grasos poliinsaturados de las membranas celulares (perforándolas), las proteínas, el ácido desoxirribonucleico (DNA) y los carbohidratos.
En suma, no podemos vivir sin ellos, pero debemos controlarlos.
¿Qué hechos aumentan el proceso de oxidación de nuestro cuerpo y, a su vez, la cantidad de radicales libres?
Alimentos con grasas animales (salvo los pescados de mar) y saturados, frituras, insuficientes aportes de nutrientes en la dieta, radiaciones ultravioletas A y B y rayos X, cigarrillo, drogas, metales pesados (plomo, cobre, hierro), exceso de alcohol, radiaciones y polución ambiental, edad, inactividad física y obesidad
¿Cómo medir los radicales libres?
Los radicales libres son muy difíciles de medir. La medición es problemática, especialmente en el plasma y otros líquidos corporales. Uno de los pocos métodos viables de medición ha sido la supuesta espectroscopia de resonancia de spin electrónico.
Los radicales libres también se pueden medir con un fotómetro de absorción FORM PLUS de forma mucho menos complicada y, sin embargo, totalmente confiable.
Para la prueba se requiere solo una gota de sangre capilar. Resultados de laboratorio precisos están disponibles en 12 minutos y aparecen como un listado en la impresora incorporada.
Generalmente las mediciones no se realizan después de comidas abundantes, deportes o estrés físico extremo o durante la toma de medicamentos.
¿Qué puede influir en el resultado?
La inflamación puede afectar la medición. También el embarazo, la terapia hormonal sustitutiva y el uso de anticonceptivos orales influyen en el resultado de la prueba.